Alimentación, Dieta y Nutrición

Alimentación, Dieta y Nutrición Sanas para una Vida Sana

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Emociones negativas

 

Las Emociones Negativas

 

Se ha descubierto que las emociones negativas, como la ira, la ansiedad o la depresión, y también el estrés, debilitan la eficacia de ciertas células inmunológicas.

Numerosos estudios han confirmado que las emociones perturbadoras son malas para la salud. Se descubrió que las personas que experimentan ansiedad crónica, prolongados períodos de tristeza y pesimismo, tensión continua u hostilidad, cinismo o suspicacias implacables, tenían el doble de riesgo de contraer una enfermedad, incluidas asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras pépticas y problemas cardíacos. Esta magnitud hace que las emociones perturbadoras también llamadas emociones negativas sean un factor de riesgo tan dañino como lo son, por ejemplo, el hábito de fumar o el colesterol elevado para los problemas cardíacos, es decir, una importante amenaza a la salud.

Lo anterior no indica, en modo alguno, que todos aquellos que tengan estos sentimientos serán más vulnerables a una enfermedad.

 

Influencia de la Ira en la salud

La ira es una emoción negativa que influye en la salud, fundamentalmente generando problemas en el corazón.

Estudios realizados en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford han descubierto el impacto que la ira tiene en la función cardíaca: en pacientes que habían sufrido al menos un ataque cardíaco, cuando se sentían furiosos e incluso cuando recordaban esos episodios, se producía una disminución de la eficacia de bombeo de su corazón, la cual no se observó con otros sentimientos perturbadores como la ansiedad.

Por supuesto que nadie está diciendo que la ira por sí sola provoque una enfermedad coronaria, esta es sólo uno de varios factores interactivos. Como los doctores explican, aún no se puede decir si la ira y la hostilidad juegan un papel causal en el desarrollo temprano de la enfermedad coronaria, o si esta intensifica el problema una vez que la enfermedad ha comenzado, o si ocurren ambas cosas. Pero tomemos el caso de una persona que se enfurece repetidas veces. Cada episodio de ira añade una tensión adicional al corazón aumentando su ritmo cardíaco y su presión sanguínea. Cuando esto se repite una y otra vez, puede causar un daño, sobretodo debido a que la turbulencia con que la sangre fluye a través de la arteria coronaria con cada latido puede provocar microdesgarramientos en los vasos, donde se desarrolla la placa. Por eso, si su ritmo cardíaco es más rápido y su presión sanguínea más elevada porque está furioso habitualmente, tendrá mayor probabilidad de producir una enfermedad coronaria.

Un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard pidió a pacientes que habían sufrido una ataque cardíaco que describieran su estado emocional en las horas anteriores al mismo: estaban furiosos. Sin embargo esto no significa que se debería suprimir la ira cuando esta es adecuada, ya que existen pruebas de que suprimir tales sentimientos aumenta la agitación del cuerpo y la presión sanguínea. El hecho de que se exprese la ira o no es menos importante que el hecho de saber si la ira es crónica o no. Una muestra de hostilidad ocasional no es peligrosa para la salud, el problema surge cuando la hostilidad se vuelve tan constante que define la personalidad. Las personas con personalidad Tipo A aparentan ser agresivas y hostiles, hablan fuerte, rápido y en forma explosiva; muestran un sistema nervioso autónomo muy sensible, reaccionan de modo excesivo ante la tensión. Esta reactividad exagerada conduce a un ritmo cardíaco rápido, sensación de urgencia, impaciencia y hostilidad. Las prisas, las competencias y cosas parecidas aumentan la tensión acelerando la excitación simpática y contribuyendo más a la posibilidad de problemas coronarios.

 

Influencia de la Ansiedad en la Salud

La ansiedad es una emoción negativa, una perturbación provocada por las presiones de la vida diaria. Es la emoción con mayor peso como prueba científica al relacionarla con el inicio de la enfermedad y el curso de la recuperación.

Como todas las emociones, la ansiedad, tiene utilidad adaptativa: nos ayuda a prepararnos para enfrentarnos a algún peligro. Pero en la vida moderna, es más frecuente que sea desproporcionada y fuera de lugar; la perturbación se produce ante las situaciones con las que debemos vivir o que son evocadas por la mente, no por peligros reales que debemos enfrentar. Por esta razón se esta convirtiendo en un riesgo para la salud si se presenta en forma crónica. Si las angustian perduran, estas amenazan la salud; una mayor cantidad de cambios en la vida y de molestias está vinculada con una mayor probabilidad de enfermedades físicas.

La ansiedad influye, principalmente, en la contracción de enfermedades infecciosas tales como resfríos, gripes y herpes. Estamos constantemente expuestos a esos virus, pero normalmente nuestro sistema inmunológico los combate, sin embargo, con la ansiedad esas defensas fallan. Las diferencias en resistencia a las enfermedades infecciosas se deben, en parte, a las tensiones de la vida. Cuantas más ansiedades existan, mayor será la incidencia de males infecciosos.

Durante la tensión las respuestas hormonales suprimen ciertas funciones inmunológicas, haciendo que las personas sean más suceptibles a los patógenos que causan los males infecciosos. Cuando la ansiedad persiste, las actividades inmunológicas pueden estar deprimidas.

 

 

Un estudio realizado en parejas casadas que durante tres meses llevaron listas diarias de peleas y episodios perturbadores mostró que: tres o cuatro días después de una serie especialmente intensa de preocupaciones, cayeron enfermos de un resfrío o una infección al aparato respiratorio superior. Ese período es precisamente el tiempo de incubación de muchos virus comunes del resfrío, lo que sugiere que estar expuestos mientras tenían mayores preocupaciones y trastornos los hizo especialmente vulnerables.

Lo mismo se aplica para el virus del herpes: tanto el tipo que provoca llagas en los labios como el que origina lesiones genitales. Cuando las personas han quedado expuestas al virus del herpes, está permanece latente en el organismo y se manifiesta de vez en cuando. La actividad del virus del herpes puede ser rastreada por los niveles de anticuerpos del mismo que hay en la sangre. Utilizando esta medición, la reactivación del virus se ha encontrado n estudiantes de medicina que se encuentran rindiendo exámenes de fin de año y en mujeres recién separadas.

El precio de la ansiedad no sólo es que disminuye la respuesta inmunológica; otra investigación está mostrando efectos adversos en el sistema cardiovascular. Mientras la hostilidad crónica y episodios repetidos de ira parecen poner a los hombres en un gran riesgo de enfermedad cardíaca, las emociones más mortales en las mujeres pueden ser la ansiedad y el temor. Lo que ocurre es que el sistema nervioso simpático activado hace que los riñones retengan sal, la cual altera la regulación de la presión arterial en las personas susceptibles debido a las preocupaciones.

También la ansiedad tiene un papel relevante, en situaciones tales como las operaciones quirúrgicas, el Dr. Camran Nezhat, de la Universidad de  Stanford dice: “si alguien debe someterse a una cirugía y me dice que ese día siente pánico y no quiere pasar por ella, cancelo la intervención. Cualquier cirujano sabe que las personas que están muy asustadas tienen problemas durante la operación. Sufren hemorragias abundantes y más infecciones y complicaciones; además, tardan más tiempo en recuperarse”.

La razón es evidente: el pánico y la ansiedad elevan la presión sanguínea y las venas dilatadas por la presión, sangran más abundantemente cuando el cirujano hace la incisión con el bisturí. La hemorragia excesiva es una de las complicaciones quirúrgicas más molestas y puede provocar la muerte.

Debido a que el costo médico de la ansiedad es tan alto, las técnicas de relajación se utilizan para aliviar los síntomas de una amplia variedad de enfermedades. Estas incluyen problemas cardiovasculares, algunos tipos de diabetes, artritis, asma, alteraciones gastrointestinales y dolor crónico, por nombrar algunas.

 
Influencia de la Depresión en la Salud

La depresión mayor en los ancianos o en personas con enfermedades graves parece disminuir su esperanza de vida, incluso sin tener en cuenta cualquier otra enfermedad, hasta la depresión menor se asociaba con una vida más corta en los hombres (aunque no en las mujeres). Por supuesto, la actividad física disminuida y la involucración social juegan un papel en la asociación entre depresión y gravedad de la enfermedad. Sin mbargo, hay investigaciones que sugieren que la depresión produce factores biológicos, como niveles bajos de serotonina, que podrían desencadenar respuestas relacionadas con el estrés en el cuerpo, las que a su vez podrían producir inflamación y alteraciones en algunos órganos y células.

Los estudios indican que la depresión puede tener efectos adversos biológicos sobre la coagulación de la sangre, la tensión arterial, los vasos sanguíneos y el ritmo cardíaco. Muchos estudios han demostrado la existencia de relaciones fuertes entre la depresión y la incidencia y severidad de embolias, infartos de miocardio y muertes después de un infarto. Un ejemplo es un estudio de 1999 que detectó que el 8,3% de las mujeres deprimidas morían tras un infarto de miocardio, comparado con el 2,7% de las no deprimidas. Las tasas fueron similares en los hombres (7% morían versus el 2,4%). Sin embargo, las mujeres tenían el doble de posibilidades de estar deprimidas que los hombres. La depresión puede también dificultar la respuesta del paciente a la medicación para las enfermedades cardíacas.

Cuanto más grave sea la depresión, más peligrosa es para el corazón, aunque incluso la depresión ligera, incluyendo a los sentimientos desesperanzadores, experimentados a lo largo de los años, pueden dañar al corazón, incluso en personas sin signos de alteraciones cardíacas.

 

 

La depresión parece aumentar el riesgo de ictus tanto en hombres como en mujeres, especialmente en los afroamericanos. Un estudio, por ejemplo, detectó que los jóvenes afroamericanos adultos con síntomas depresivos tenían un gran riesgo de desarrollar hipertensión arterial, una causa importante de ictus. (Los jóvenes caucásicos con depresión tenían un gran riesgo de accidentes hipertensivos, pero no de hipertensión). Los investigadores especulan sobre si la depresión y el ictus pudieran tener unos patrones de desarrollo comunes.

La depresión en los ancianos se asocia con un declive en las funciones mentales, independientemente de la presencia o no de demencia. Los escáneres cerebrales de los ancianos detectan una atrofia cerebral mayor en los ancianos deprimidos que en los no deprimidos.

Algunos estudios han asociado la depresión mayor pasada y actual con pérdida ósea en las mujeres. Una explicación para este hecho puede ser el que las mujeres deprimidas tienen niveles mayores de cortisol, una hormona del estrés que puede contribuir a la mayor pérdida ósea.

La depresión coincide con puntuaciones elevadas de dolor en personas con enfermedades crónicas, como por ejemplo la artritis reumatoide.

Un estudio del año 2000 encontró un vínculo entre la depresión previa y las tasas elevadas de cáncer de mama. La depresión y el cáncer de mama se asocian con los niveles de estrógenos, lo que podría explicar la asociación. Otros estudios no han encontrado ningún vínculo entre el cáncer de mama y los trastornos emocionales.

Un estudio ha detectado que los hijos de padres depresivos presentan un riesgo mucho mayor de problemas médicos (p.e., trastornos urnitales, migrañas, problemas respiratorios) y hospitalizaciones. Por el contra, los niños deprimidos cuyos padres no lo eran, no tenían mayor riesgo de estos trastornos médicos.

Las personas severamente deprimidas tienen un alto riesgo de alcoholismo, tabaquismo, y otras formas de adicción. Las mujeres embarazadas que beben pueden estar incrementando el riesgo de que sus hijos padezcan una futura enfermedad mental, al mismo tiempo que aumentan el riesgo de dar a luz hijos con defectos de nacimiento.

En un estudio, casi la mitad de las personas que sufrieron trastornos psiquiátricos antes o durante su primer matrimonio se divorciaron, en comparación con un porcentaje de divorcios del 36% entre aquellos que nunca habían padecido trastornos emocionales.

En un estudio inglés, un 60% de directores de personal decían que nunca contratarían para un cargo ejecutivo a alguien que hubiera sido previamente diagnosticado de depresión. Alrededor de una cuarta parte de estos profesionales creían que las personas que habían sufrido una depresión no debían ni siquiera ejercer trabajos administrativos ni manuales. (Como comparación, sólo un 3% de los directores de personal declararon pensar que la diabetes podría ser motivo de alteración de comportamiento). Esta fuerte predisposición contra los trastornos psiquiátricos es probablemente mayor en Inglaterra que en otros países, pero es indicativa de los prejuicios presentes en muchas culturas que de forma errónea e injusta separan los problemas psicológicos de los físicos cuando se trata de evaluar la capacidad.

Se estima que el 25% de las personas con alcoholismo o drogodependientes también sufren de depresión mayor. En un estudio del año 2000, las mujeres con depresión tenían 2.6 veces más probabilidades de beber en exceso que las mujeres que no poseían esa historia previa.

A continuación, le recomendamos ver el excelente documental en dos partes de la Televisión Española “La Depresión”:

 

Parte 1

 

Parte 2

 

Influencia del Estrés en la Salud

El fisiólogo Hans Seyle describió el estrés como una respuesta orgánica de tres fases:

  • Fase de Alarma: Preparación de respuestas adaptativas.
  • Fase de Resistencia: presentación de respuestas y participación de procesos emocionales y psíquicos, para restablecer el equilibrio.
  • Fase de Agotamiento: cuando el organismo ya no es capaz de generar más respuestas adaptativas, se satura la capacidad de adaptación y se presenta la desadaptación alterándose la homeostasis orgánica.

Esto ocurre si los estímulos son muy intensos, se repiten frecuentemente o persisten por mucho tiempo.

Las respuestas que se presentan durante la fase de resistencia al estresor, como son: aumento en la secreción de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), de cortisol y encefalina, aumento de aminoácidos circulantes, aumento de la glicemia, entre otras; hacen que el sistema inmunológico se vea afectado deteriorando la función de las células inmunológicas (T, B, T asesinas).

El estrés mental crónico parece inducir la superproducción de un producto químico, el péptido derivado del gen de la calcitonina en los terminales nerviosos de la piel. Por esto, el péptido recubre excesivamente la superficie de ciertas células inmunológicas (células de Langerhans), cuya tarea es capturar agentes infecciosos y entregarlos a los linfocitos para que el sistema inmune pueda contrarrestar su presencia. Debido a la menor vigilancia en una vía importante de acceso, el cuerpo es más vulnerable a las infecciones.

Con lo anterior podemos darnos cuenta de lo nocivo que puede llegar a ser el estrés, pero aún así no es causa directa de enfermedades. El estrés no causa la enfermedad en sí, sino que impide la recuperación porque baja las defensas del cuerpo y aumenta la sensibilidad de la persona a los problemas físicos que han existido anteriormente.

Múltiples estudios clínicos han demostrado que la palabra más adecuada para describir la relación entre estrés y salud es impacto, pues los factores psicosociales no son causa de enfermedad, sino que desempeñan un rol en la alteración de la susceptibilidad del paciente a las enfermedades.

Estudios han demostrado que estresores potenciales como: grandes cambios en la vida, situaciones vitales crónicas y pérdida del apoyo social, están relacionados con enfermedades cardiovasculares, debido a que la secreción de hormonas durante el estrés parecen contribuir en este tipo de enfermedades, ya que: incrementan la tendencia de coagulación de la sangre, (si un coágulo se aloja en la arteria coronaria es probable sufrir un ataque cardíaco), elevan los niveles de ácidos grasos libres y triglicéridos que obstruyen las arterias, y aumentan la presión arterial.

En cuanto a la contracción de enfermedades infecciosas como virus del herpes o de la gripe, el estrés influye ya que debilita la acción del sistema inmunológico.

La relación entre estrés y cáncer parece estar en los efectos supresores del estrés en el sistema inmunológico. Si se deprimen las funciones inmunológicas, los organismos tienen menos capacidad para enfrentarse a los agentes cancerígenos.

 

Documental “Ciencia del Estrés”

Durante las últimas décadas la ciencia ha ido mejorando nuestro conocimiento acerca del estrés: un impacto en nuestro cuerpo y cómo nuestro estatus social puede hacernos vulnerables a él. Entre otras, muestra las investigaciones realizadas durante 30 años por Robert Sapolsky sobre cómo afecta el estrés a nuestro cuerpo y sobre cómo nuestro estrato social nos hace más o menos vulnerable. Sus estudios sobre los babuinos de las llanuras de una reserva Masai en Kenia es de lo más curioso. O no. Al parecer, los babuinos dedican unas 3 horas al día en conseguir comida. ¿Y qué hacen con el resto de la “jornada”? El resto son 9 horas de “tiempo libre” para dedicarse a hacerse la vida imposible provocándose estrés unos a otros. ¿Resulta familiar la escena?. Además de este comportamiento, Sapolsky establece una relación entre estrés y jerarquía en los babuinos a partir de tomar muestras de sangre y del análisis de diversos parámetros. Y los resultados indican que… los machos dominantes presentan un menor nivel de hormonas del estrés mientras que el de los más sumisos es mucho más alto, además de presentar más hipertensión, un sistema inmunológico más vulnerable, etc. En el mismo documental hacen referencia también al estudio de salud entre funcionarios británicos de Michael Marmot con idénticas conclusiones: cuánto más baja la posición en la jerarquía más riesgos de tener dolencias diversas.

 

 

Otro documental interesante de la cadena rtve es:

La mente enferma: El Estrés

 

Hace 50 años nadie hablaba de estar estresado. Hoy en día parece ser tema de conversación en todas partes. Sin embargo el estrés no es nada nuevo. La reacción al estrés no es necesariamente mala, incluso puede ayudar a seguir adelante bajo presión. Pero los efectos de un estrés crónico continuo, si no hacemos nada al respecto, pueden ser muy malos. En este documental un inmunólogo y un psiquiatra analizan el impacto negativo del estrés en nuestro cuerpo. Y estudian los casos de estrés de una ejecutiva, un auxiliar administrativo y un productor de vídeos de la policía.

 

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